Por María Jesús Sanz

Hoy, como cada día, me duché, desayuné en mi terraza. No sabía qué hacer, pero enseguida recordé que era día 21 de marzo, era mi aniversario de boda, 50 años, mis bodas de oro.

Recogí tres bolsas de fotos antiguas y una tras otra las coloqué en álbumes. Es muy entretenida pero muy gratificante esa tarea, que me ocupó varios días. Cada foto tiene su historia y quizás un grato recuerdo. Alguna lagrimilla se escapó.

Los siguientes días después de desayunar pensé: “y hoy…¿qué?”

Miré mis plantas y empecé a preparar la tierra para sembrar mis hortalizas.  Preparé unas cajas con unos plásticos dentro bien forraditas, las llené de tierra de unas macetas que no usaba, las empapé bien de agua y busqué las semillas que guardo durante todo el año. Sembré casi todo, menos los pepinos, que los siembro en abril.

Chicas, no es nada fácil vivir encerraditas en casa.  Pero pensad que nuestra vida está en riesgo, aún tenemos mucho tiempo unas para aprender y otras para enseñar.

Lo que está pasando quizás sea un aprendizaje para el mundo porque no es más rico el que más tiene. Somos nosotras las jubiladas y jubilados, que somos los que menos necesitamos, pero aportamos al mundo nuestra sabiduría y generosidad. Cada una dejaremos nuestro granito de espiritualidad y el recuerdo a las nuestros y quizás a muchas personas de nuestro entorno…

Yo misma recordaré siempre a una mujer, y sigo dando gracias por su generosidad, por lo siguiente: Yo nací en una familia humilde. Mis padres deseaban que naciera un niño, ya que tenían 5 niñas y nací yo, conmigo 6. La desesperación de mi madre fue tremenda, dijo “¡quitármela de mi vista, no quiero ni verla!”.  Esa fue mi llegada al mundo.  Una vecina me tomó en sus brazos, me llevó a su casa, me limpió, me vistió y como tenía un niño de 8 meses me amamantó tres días hasta que mi madre reaccionó y mandó a recogerme. Cuando fui mayor me pidió perdón. Pero yo siempre le agradecí a aquella vecina su gesto y generosidad, y por eso su recuerdo va conmigo.

Somos como polvo de estrellas dejando nuestro rastro aunque sea efímero. A todos nos han contado la crueldad de la guerra, recordad que esto es una guerra sin armas, pensemos que nuestro planeta tiene un equilibrio, quizás cada cierto tiempo sobramos miles. No tengamos miedo, estaremos aquí mientras nos recuerden, a cada una de nosotras, somos polvo de estrella, dejando rastro…

Haz un donativo