Por Manuel Cortés

Domingo 8 de Marzo de 2020:

Minutos antes de entrar como epidemiólogo de guardia de mi Área Sanitaria –provincias de León y Palencia-, repaso ese Decálogo contra el Coronavirus, diseñado entre consultas. Lo redacto a título personal, con algún que otro apunte de mi hemisferio derecho –el más emocional- y de alguna institución puntera en el tema. A mí y a los míos nos sirve; ojalá sea útil para otras personas.

1.- Seguir las recomendaciones de las autoridades sanitarias. Me consta que están volcadas en controlar esta epidemia y que trabajan/trabajamos de continuo para hacerlo. Sus decisiones no son caprichosas, ajustándose a los protocolos establecidos. Por ello, si me aconsejan que por cualquier motivo debo permanecer en casa, me quedaré en casa.

2.- Conocer los cauces establecidos para resolver dudas –como los teléfonos de información-, haciendo un uso responsable de ellos. A veces convendría no leer tantos titulares ni escuchar opiniones de personas relevantes en otras disciplinas, pero absolutos ignorantes en esta.

3.- Permitirse tener miedo –a fin de cuentas es una emoción de lo más humana-, aunque tratar de gestionarlo bien. Esos miedos irracionales nos bloquean y a menudo hacen que tomemos decisiones precipitadas. Desde la histeria estaremos siempre invalidados.

4.- Evitar el contacto estrecho con personas enfermas –principalmente de ser casos probables o confirmados, durante su periodo de transmisibilidad-. En principio no hay que realizar actuaciones especiales ante animales o alimentos.

5.- En la medida de lo posible, evitar tocarse ojos, nariz y boca, por ser las puertas de entrada para el virus. Últimamente estrechamos menos manos. Asimismo, desinfectar regularmente con rociadores o toallitas domésticas aquellos objetos o superficies que tocamos de continuo.

6.- Procurar las medidas habituales de higiene, sobre todo en lo relativo al lavado de manos: con agua y jabón, durante al menos 20 segundos, en especial después de sonarse la nariz, toser o estornudar, antes y después de comer, antes y después de ir al baño… Y por supuesto, siempre que estén visiblemente sucias.

7.- De no haber tal posibilidad, utilizar un desinfectante de manos que contenga al menos un 60% de alcohol… Y en cuanto podamos, lavárnoslas bien.

8.- Cubrirse nariz y boca con pañuelos desechables durante la tos o el estornudo, para arrojarlos a continuación a la basura. No toser sobre nuestras manos ni sin poner contención. De haberlo hecho sobre alguna superficie, proceder a su desinfección según indicamos.

9.- Utilizar mascarillas en el caso de estar enfermo. También se consideran esenciales entre el personal sanitario y los cuidadores en entornos cerrados. Su empleo sistemático –por ejemplo, yendo por la calle- en estos momentos y en nuestro medio no se considera recomendable ni necesario.

10.- Seguir sonriendo –un gerundio tan cargado de beneficios para la salud-, seguir disfrutando de tantas cosas positivas de nuestra vida, seguir creyendo en el ser humano. Porque estoy convencido de que –permitiéndome otra licencia desde mi argot más deportivo- al final este partido lo vamos a ganar.

Lunes 9 de Marzo de 2020

A partir de hoy y por espacio de una semana estaré como epidemiólogo de guardia, permaneciendo atento a cualquier microbio que pudiera afectar a la población. Desde esa toxiinfección alimentaria de algún restaurante hasta aquel brote por la primera bacteria en mi última residencia.

Porque los epidemiólogos somos una especie de policía sanitaria. Velamos para que todo esté tranquilo, sea donde sea y a la hora que sea, actuando en caso de alerta. Aunque a menudo no se nos conozca ni se nos reconozca, como ciudadano agradezco que estemos. Y es que en asuntos de salud, acostumbramos a ignorar cuanto tenemos hasta que nos falta.

Por supuesto que andaré pendiente de los posibles casos, contactos, dudas habidas y demás que pudieran surgir en torno al Coronavirus. Y si los avisos lo permiten, seré fiel a esa máxima de dormir a mis pequeños con un cuento. Seguro que el de esta noche ya lo habéis adivinado: irá sobre cierto policía que en lugar de ladrones detenía microorganismos.

Martes 10 de Marzo de 2020:

Dicho por supuesto con el máximo respeto ante los casos, la epidemia de Coronavirus está sirviendo para que algunas personas sepan por fin en que consiste mi trabajo de médico: precisamente en eso, en el control y prevención de enfermedades. También ha permitido visibilizar el Sistema de Vigilancia Epidemiológica en España, conocer la capacidad de acción de los profesionales de nuestra Salud Pública –en este sentido, me consta el esfuerzo que están haciendo todos mis colegas- y en una licencia más literaria, constatar que el miedo –al igual que el dinero- no hace ni mejores ni peores a las personas; simplemente las descubre.

No obstante, de quien más he aprendido durante estos días ha sido de mis hijos. De ellos, que rescataron un termo para que tuviera café, pues les dije que hay mañanas en que no nos queda tiempo ni para ir a tomarlo… De ellos, que después de otro domingo de guardia atendiendo mil consultas, me recibieron en casa con ese bizcocho de chocolate… De ellos, que celebraron su fiesta de cumpleaños sin que papá pudiera acompañarles por motivos de trabajo.

Por cierto, mi Sirenita aún luce la corona de aquel día… Y de paso me pregunta que cuántos años cumple el dichoso virus. Porque –como bien insiste- si no fue su cumpleaños, que le quiten pronto esa corona que ni siquiera le corresponde para que vuelva a estar con ellos como antes.

Miércoles 11 de Marzo de 2020:

Acaban de confirmar que el VII Congreso Socinorte –Sociedad Norte de Medicina Preventiva y Salud Pública- programado para la próxima semana se ha suspendido. Pese al trastorno que conlleva cualquier cambio, entiendo que se trata de una decisión acertada pues, de hecho, ya habíamos optado por no asistir.

Ahora no es momento de reivindicaciones, sino de reconocer la labor que desempeñan los profesionales de la Epidemiología. Y es que, tal y como nos decía una paciente esta misma mañana, sois bomberos apagando enfermedades. Por eso –como otro más de ellos- quisiera darles las gracias, al igual que a los casos y pacientes a quienes encuestamos, marcamos pautas preventivas o recomendamos aislamiento. Es cierto que alguno se enfada con nosotros e incluso nos acusa de inocular temores. ¡Ojalá en nuestras cámaras repletas de vacunas hubiera alguna contra tantos miedos! Porque si analizase bien la situación, vería que esa estrategia nunca formó parte de nuestra cartera de servicios.

Entre tanto, mis hijos me siguen preguntando por el Coronavirus. La Sirenita está convencida de que su papá inventará una vacuna para que se curen todos. Al Principito le preocupa más si este sábado podré llevarle a su partido de balonmano. Ellos, y no el dichoso virus, sí que merecen una corona… O al menos ese cuento que compartiremos esta noche sobre cierto bombero que en lugar de fuegos apagaba enfermedades.

Jueves 12 de Marzo de 2020:

Si ayer le prometía a mi Sirenita que de esta situación saldremos, hoy compartía con nuestro Principito que ello depende mucho de lo que hagamos entre todos. A su nivel, le explicaba que Italia y Corea del Sur comenzaron por igual esta epidemia; sin embargo, mientras que en el país transalpino se dispara el número de casos, en el asiático –donde se tomaron muy en serio las medidas de prevención- se ha estabilizado.

Y es que sean a nivel individual o colectivo –como sucede con esta del Coronavirus-, si las crisis se definen por algo es porque en ellas sacamos lo mejor y lo peor que hay en nosotros. De entre sus aspectos negativos destacaría sin duda esos miedos que nos paralizan y tanta irresponsabilidad. Así, me suena a imprudente que alguien sometido a vigilancia activa acabara yéndose de vacaciones porque ya las tenía pagadas… Me parece insensato que a un caso en investigación al que se le indica aislamiento domiciliario no se le pueda tomar una muestra porque ha bajado al bar a ver un partido… Y me resulta preocupante que a pesar de todas las advertencias siga habiendo gente que llene parques y demás espacios recreativos, que celebre un botellón entre amigos o que simplemente quede para intercambiar cromos en la Plaza Mayor de su ciudad.

Aun cuando quiero pensar que no son mayoritarias, detrás de esas conductas hay una catarata de egoísmo, de imprudencia, de insolidaridad.

Porque al final, la solución no radica en cambiar ningún cromo… Sino más bien, como aprendieron a tiempo los surcoreanos, de cambiar cuanto antes de mentalidad.

Viernes 13 de Marzo de 2020:

De mi despacho en la Sección de Epidemiología al sofá de nuestro salón… O viceversa. Así transcurre otra semana más como epidemiólogo de Área, cubriendo mi puesto ante esta epidemia por Coronavirus. Y es tal la simbiosis entre ambos sitios, que ayer por la tarde, al recibir una llamada particular, respondí como si estuviera contestando a ese teléfono de guardia.

A las diez de esta noche me encontraba en casa donde –siguiendo las indicaciones oportunas- ha permanecido todo el día el resto de mi familia. A través de la ventana del dormitorio he escuchado una salva de aplausos que, según me ha aclarado Manuel pequeño, iban dedicados a nosotros los sanitarios –y demás profesionales implicados en esta crisis- que en estos días combatimos contra tal situación.

Aun cuando estemos cumpliendo con nuestro trabajo, ha sido un detalle entrañable. A fin de cuentas, las personas seguimos siendo animales… Y de vez en cuando, también agradecemos que nos acaricien.

Nuestra Princesita se ha sumado a esos aplausos antes de preguntarme que cuándo íbamos a quitarle su corona al dichoso virus. Le he prometido que pronto. Eso sí: solo lo conseguiremos con la ayuda de todos.

Sábado 14 de Marzo de 2020:

Hubo un día en que elegí ser epidemiólogo para poder desarrollar mi trabajo en algún país lejano. Y así, cuando estudiaba el abordaje de una intoxicación alimentaria o de cualquier brote respiratorio, me veía a mí mismo aplicándolo en el futuro más allá de nuestras fronteras.

Sin embargo, paradojas de la vida, al final he acabado ejerciéndolo en algunas de las peores crisis que ha vivido España. Me visualizo con tristeza en esa medioambiental, la del Prestige, participando en el estudio de cohortes para evaluar los efectos del chapapote sobre las poblaciones afectadas… Me recuerdo con muchísimo dolor en aquella terrorista, la del 11-M, colaborando en la recuperación psicológica de las víctimas… Y ahora me veo con preocupación en esta sanitaria, la del Coronavirus, que ha llevado incluso a que se decrete el estado de alarma.

De cada una de ellas he aprendido algo que debía aprender y en todas he descubierto la importancia de afrontarlas con responsabilidad. Por eso –desde mi experiencia, desde mis conocimientos-, me adhiero para estos días a la recomendación de algo tan sencillo como quedarse en casa. ¡Quién me lo iba a decir a mí en aquellos tiempos de residente en los que soñaba con perderme por el mundo! Porque la única manera de ganarle la batalla al Coronavirus es el aislamiento aun sin que estemos enfermos… Porque al romper la cadena de transmisión, disminuimos el número de afectados evitando que el sistema sanitario se colapse… Y porque, como dice el lema de esta campaña, nunca antes había sido tan fácil salvar vidas. Lo único que tenemos que hacer es quedarnos en casa.

Domingo 15 de Marzo de 2020:

Esta tarde he salido de mi casa por motivos de trabajo. Las calles están vacías. En los apenas diez minutos de recorrido, me crucé con un punto de control de la UME, con esa vecina paseando a su perro, con cierta patrulla policial que me echó el alto. Les expliqué quién era y adónde iba; me dejaron seguir, aunque habría sido paradójico que en el ejercicio de sus funciones hubiesen multado al epidemiólogo de guardia de su provincia.

En cualquier caso, les doy las gracias a todos. Incluido a cada ciudadano que ha pasado este domingo en su hogar. Como lo hago con Olga, por fabricar mascarillas a destajo para aquellos lugares en los que más se necesitan… Con Eva, por su iniciativa de ayudar a los más vulnerables haciéndoles la compra… Con Lorena, por ofrecer de manera gratuita sus servicios de atención psicológica para quien los pueda precisar… Con mi grupo de cuentistas, por difundir tantos relatos a través de las redes… Con tantísimas personas anónimas que dan lo mejor de sí, sencillamente, porque ahora toca darlo.

En estos tiempos de crisis en los que un virus nos ha parado ante nuestras prisas, establece las distancias y redefine el valor del tiempo, esa Solidaridad se convierte en antídoto contra muchos males. Quizá por ello, en el cuento a mis hijos de esta noche, aquella hada buena que pretende quitarle su corona deambulaba por un bosque vacío sin sentirse sola… Y es que sabe que detrás de cada árbol hay miles de duendecillos como nosotros que le apoyan incondicionalmente, entregándole siempre lo mejor de sí mismos.

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