Por Begoña Moriana

Mi madre siempre dice que ella nació el día que nacieron todas las flores. Y no le falta razón. Mañana, día 21 de marzo es su cumpleaños. Serán 84 primaveras.

Ha sido, con mucho, una de las personas más visitadas por sus familiares desde que ingresó, junto a mi padre, en la residencia. Mi padre nos dejó hace ya dos años largos, así que ahora todos los mimos van para ella. Nos llaman “La Banda” porque a veces nos juntamos los 6 hijos, algunos cuñados o cuñadas, algún nieto o nieta… en fin, pasamos de no vernos mucho, a vernos cada día.

Si todo fuera de otra manera, mañana tocaría paseo por el parque y cafecito con María en su bar. Y por supuesto, un trocito de pastel y algún canto que otro por su cumpleaños. Nos gusta hacerla rabiar con amor para que nos mande a paseo. Si lo hace, es que todo está bien.

Es cierto que no está para mucho jolgorio porque su estado es el que es, el que da el paso del tiempo, además de la diabetes y el parkinson. A veces solo veo cansancio e impotencia, porque aunque quisiera comunicarse, la mayoría de las veces, no lo consigue.

Este año no podremos celebrar su cumpleaños y le enviaremos algunos vídeos felicitándole. Estaremos ahí de alguna manera u otra. Está en manos de grandes profesionales y, sobre todo, grandes personas a las que desde aquí doy gracias de corazón por su trabajo.

¿Sabéis?  Yo ahora mismo no estoy triste por ello. Mi madre es una mujer fuerte que ha tenido que adaptarse como lo hace el agua a cada situación de la vida como mejor ha podido. Mi gran deseo es que supere este tiempo de crisis como ella sabe hacerlo y que, si Dios quiere, podamos estar nuevamente junto a ella y celebrar otro cumpleaños. Porque si algo es seguro es que la vida continúa, que mi madre siempre será mi madre, tanto mañana que es su cumpleaños como el resto de mi vida.

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