Por Mónica Cuevas

Quisiera descansar, si, cerrar los ojos para no ver ni sentir la desolación que estas dejando a tu paso y sin tarjeta de presentación… ¿Cuándo has llegado?, ¿Por dónde te has colado?, ¿Por qué de una vida de continua lucha y constante superación, llegada a su merecido descanso, arremetes y nos confinas a un recóndito sillón?

El aire que respiro, una y otra vez, se convierte en apremiante búsqueda de un soplo fresco que libere mis pensamientos y anhelos de gritar… no quiero TUS cadenas ni esta censura a la que me sometes con la amenaza de si desobedezco….enfermo y muero…¡INCONSCIENTE, INSENSATO!…no se te ocurre pensar que tras una vida alejada del manto protector de la que dio luz a mi temprana existencia, recogida, en tiempos de guerra, por la familia que me cobijo y sustento…he aprendido a decir ¡¡¡basta ya!!!.

Quiero volver a recibir las visitas de mis seres queridos, de la suave y tierna caricia de mi preciosa nieta Alba, al posar su manita en mi arrugado rostro; a sentir todas las mañanas, al despertar, los cariñosos “buenos días” de mis cuidadoras; a realizar mis ejercicios de rehabilitación, estimulación y hasta guardar fila para acceder a las actividades de la tarde en la menos uno…unos días laborterapia, otros pintura y los martes, misa, que está bien ver al sacerdote empeñarse en contentar nuestro espíritu, ¡a nuestra edad!, e incluso bingo…dónde lucir los abalorios que nos tocan tras esta terapia lúdica, se ha convertido en una competición entre mis iguales… a nuestra edad seguimos siendo coquetas, y nos preparamos diariamente para esta fiesta…¡¡¡Pues no hay más fiesta que la vida!!!.

Anda ya, permítenos retomar nuestra rutina, que, al mirar por la ventana, escuchemos el jolgorio y revoloteo de los niños al comenzar sus clases y fundirse en entrañable abrazo con sus compañeros sin temor a tu beso mortal. Los rutinarios chismorreos de los culebrones de la televisión y hasta las quejas de mi compañera de sillón, que ha perdido un pañuelo, las de mi compañera de mesa que la comida esta sosa…en fin, cosas insignificantes que dan sentido a mi existencia diaria, y que Tú, no tienes derecho a arrebatármelas.

Quiero seguir sintiendo que estoy viva, que aun tomo las riendas de mi existencia, que mis seres queridos están bien y que continuaran suministrándome, cada tarde a la hora de la visita, esas sabrosas galletitas que, aunque dañinas, dicen, alegran mi corazón.

Haz un donativo