Por Librada Recover Marín

Cuando bombardeaban el pueblo todos nos metíamos en un sótano, lo llamábamos refugio. Nos metíamos todos, los vecinos del barrio y hasta la “Santa Rita” la figura de la santa, que mi abuela le encendía una lamparilla y todo el mundo a rezar. Bomba que sonaba, Padre Nuestro que empezábamos con más fuerza.

Nosotros los niños, sin que se dieran cuenta los mayores, poco a poco nos íbamos saliendo al patio, no aguantábamos estar encerrados, de todas formas, ahora que lo pienso…. los niños ven las cosas de otra forma, siempre buscando algo de diversión.

También adquiríamos conocimientos de la clase de ruidos. Cuando pasaban los aviones sabíamos cuando iban a bombardear por el ruido que hacían al ir cargados de bombas, o cuando eran avionetas que iban a ametrallar. Todos los ruidos característicos de una guerra eran inconfundibles, pero las imágenes también, por eso los que lo vivimos no lo podemos olvidar.

De lo que se vive se aprende y nuestra escuela fue esa, sobre todo la mía y de mis dos hermanos mayores. Los otros cuatro eran pequeños y llegaron a ir al colegio y tienen otras vivencias de aprender cosas de niños, por eso añoro siempre el saber y maldigo a los que mi vida la hicieron caminar por derroteros y aprender de esa escuela de la cual nadie debería de aprender.

Siempre me ha gustado escribir y tengo muchas cosas escritas, aunque tengo reparo en presentarlas por las faltas de ortografía, pero ahora sé, que ellas son parte de mi historia y estoy animada a escribir muchos recuerdos, muchas anécdotas en los momentos… que me siento sola.



Iniciativa enmarcada en el Proyecto de acompañamiento a la integración social de personas mayores que se sienten solas