Por M.ª Nieves Saiz

Se despegan mis párpados, y través de la ventana, una tenue claridad crepuscular me dice que aún no está todo perdido.
¡Sigo respirando!.
Siento, a mi lado, el calor que desprende el cuerpo de mi esposo .
Nos abrazamos tiernamente y con una leve esperanza nos decimos que aún estamos juntos.
Nuestras mentes se desplazan hacia nuestro dolorido corazón.
– ¿Seguirán bien?– nos preguntamos en silencio.
Voy directamente al balcón.
El cielo está llorando perlas impregnadas de dolor.
Calles silenciosas, desiertas, tristes…, como jamás, ni por lo más remoto, nos habríamos imaginado.
Oigo el silencio amargo y melancólico, que se adueña de mi ser…
Ni siquiera se oyen los trinos de los pájaros.
¿O es que mis oídos ya no los escuchan?
Como una autómata, pongo la lavadora. Me quedo absorta, y en ella veo mi cerebro dando vueltas sin parar. Se centrifuga. Se contrae.
Abro la ventana de par en par.
Intento hacer un pequeño aclarado, pero el tambor sigue rodando como una noria sin freno.
El sol no tiene ganas de brillar, ¿para quién lo va a hacer?.
Le ruego que se asome, lo necesitamos como agua de mayo.
Que nos alumbre en esta oscura situación.
Que ilumine a los que están al cargo de esta pobre tripulación, en este barco a la deriva, para llegar a buen puerto.
Y que la vida vuelva a resurgir con la algarabía de las gentes de acá para allá.
Que retumbe el griterío de los colegios.
Y que veamos los parques abarrotados de niños bulliciosos, con sus juegos y sus risas, y sus peleas y sus abrazos.
Y sus abuelos mirándolos desde sus bancos, esperando que sus papás vuelvan del trabajo.
Ansío que estas pequeñas pero grandiosas delicias, que no hemos sabido valorar, vuelvan a nuestras vidas y las acojamos como el más precioso tesoro que hemos perdido.
Con mis deseos idílicos, sigo en la ventana observando la nada.
Se diría que el mundo se ha parado, si no fuera porque sabemos que no es así.
El mundo sigue fuera y lo peor está ahí.
Y nuestro corazón sangra.
¡Cuántas familias destrozadas que no podrán recuperarse!.
¡Y cuántos de los nuestros están exponiendo sus vidas para ayudar a los demás!.
Esperamos que Dios se apiade de nosotros.
¡Confiamos en Él y en nuestros héroes cuidadores!.
Con mis mejores deseos para todos.
Un abrazo

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